Su interior está formado por capas gruesas, carnosas, donde se acumulan los nutrientes de la planta y protegidas por membranas finas, secas, delgadas y semitransparentes.
La berenjena debe consumirse lo más pronto posible desde el momento de su recolección y debe conservarse en un lugar refrigerado, para que no se formen manchas y no comience a tomar un sabor amargo.